Amadeo Enríquez-Ballestero y el arte de comunicar la ciencia

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La historia de Amadeo Enríquez-Ballestero en Nueva Zelanda es, como la de miles de migrantes, la historia de un sueño. Llegó a este país en 1999, luego de concluir sus estudios secundarianos en un instituto bilingüe español de Madrid, el St. Anne´s School. Su experiencia con el sistema educativo español no fue buena, había pasado por demasiadas decepciones con profesores que lo aconsejaban estudiar materias relacionadas con el arte y las humanidades, porque en eso le notaban más talento, pero la de Amadeo era en sí una pasión por la ciencia que iba más allá de una mera nota académica. Lo anterior propició que se tomara una especie de año sabático para explorar el mundo y decidir a qué universidad iría a estudiar ciencias. Como quería salir de España y su única otra lengua era el inglés, hurgó en universidades de habla inglesa. En los primeros meses del año 1999 pasó un tiempo en Inglaterra y visitó la universidad de Southampton, que le gustó mucho. Entonces decidió que estudiaría allí oceanografía, pero al poco tiempo desistió de sus intenciones, pues había conectado con unos amigos de su familia que vivían en Dunedin: Alex Laing, entonces director de NIWA (National Institute of Water and Atmospheric Research), y Rachel Laing, a cargo del departamento de ciencias textiles (que recientemente la Universidad de Otago decidió eliminar). Rachel y Alex fueron la razón por la que aquella noche decidió lanzarse a la aventura de venir a Nueva Zelanda a estudiar ciencias, lo que llevó a cabo en el segundo semestre de 1999  precisamente en la Universidad de Otago.

El barco de Niwa, una de las causas principales de su decisión de viajar a Nueva Zelanda.

Todavía recuerda su llegada al aeropuerto de Dunedin, a finales de junio. Su primer asombró fue encontrarse con una carretera que se abría paso entre las granjas, situación que lo dejó atónito porque en un principio tuvo la idea de que en realidad Dunedin era una ciudad grande. Sin embargo, al poco tiempo, y luego de haber ido al Departamento de Geología, donde estudiaría, y a los pocos días después de cenar con Rachel y Alex, se dio cuenta de que pese a ser una ciudad pequeña, Dunedin poseía una gran personalidad y como ciudad universitaria tenía mucho que ofrecer.

El entonces joven universitario se encontró con que pronto se adaptaría a la nueva vida, y que en realidad a lo que le había costado adaptarse era a la sociedad española de donde provenía. En Dunedin fue simplemente encontrar la última pieza de un rompecabezas que en España nunca podía resolver. La pieza era él, y no encajaba bien en España, pero encajó a la perfección en Nueva Zelanda. Esto, lo reconoce, se debió quizá a que su educación primaria fue en el sistema educativo británico, y su madre trabajaba mucho con Inglaterra, por lo que llegar a Dunedin fue como tantas otras experiencias que tuvo de niño cuando viajaba a Londres y disfrutaba de una cultura que admiraba más que a su propia cultura. Amadeo reconoce su amor por la cultura española, la poesía, la prosa, la música, el arte, la arquitectura, el cine, y más aún la diversidad que existe en España de lenguas, gentes, religiones que han ido y venido a través del tiempo, y han hecho posible que España sea un país de cambios radicales entre regiones, y de una riqueza cultural incalculable. Pero el día a día y la multitud de experiencias traumáticas que vivió de niño con racismo y xenofobia, con ataques constantes a aquellos que son diferentes, y el poco cuidado que existe de España sobre su riqueza cultural y científica, todo eso resultó en una difícil niñez donde su apoyo a grupos de anti tauromaquia hacían guerra con su amor por el flamenco, o su interés por la música Catalana, que era causa de disputas con amigos que dejaban de ser sus amigos por el simple hecho de ser madrileño… Para Amadeo, España es un país rico y confuso, y eso ha sido siempre algo difícil para él. Sin embargo, a Nueva Zelanda lo encuentra simple, respetuoso, con ganas de cambio y al ser un país tan nuevo es un país que todavía está buscando su identidad, y en eso pudo encajar bien desde el primer día que llegó hasta el día de hoy.

Como ya lo expresó anteriormente,  Amadeo siempre fue un apasionado de la ciencia y del arte, y asegura que esto lo es para todo ser humano, hasta que un buen día te hacen escoger… Ese es, considera Amadeo, el mayor fracaso del sistema educativo actual, en una sociedad donde separamos lo creativo de lo lógico, el arte y la ciencia… ¡y que gran error es hacer eso!, advierte. Para este apasionado de la ciencia como lo es Amadeo, cualquier niño con quien juegues mostrará cómo descubrir el mundo a través de experimentos es la mejor forma de aprender. Aprender a caminar, aprender a hablar, aprender a escribir, aprender a cocinar, aprender a tocar un instrumento de música, aprender a jugar al baloncesto, aprender a cuidar nuestra mascota… biología, física, química, matemáticas, arte, historia… ¿por qué cerrar las puertas a todas esas áreas que nos permiten descubrir de niño, y dejar de descubrir siendo adultos?, se pregunta. Por eso, reconoce que de niño tuvo la suerte de poder crecer en un ambiente muy rico artísticamente. Su padre es un gran artista, pintando óleos siempre como hobby, pero disfrutando de la ciencia como buen médico que es. Su madre es psicólogo clínica, trabajando en el mundo de la neurociencia, pero sin cerrar las puertas a los procesos creativos de la mente, desde un sueño hasta la invención de nuevas tecnologías. El arte y la ciencia siempre fue parte de sus vidas, y por eso considera que la mayor batalla de uno en la sociedad en la que vivimos es cómo mantener esa magia que todo niño siente por el arte y la ciencia en cada etapa de su vida.

Luego de muchos años inmerso en su profesión, Amadeo considera que nacemos con capacidades creativas y capacidades lógicas que nos permiten descubrir el mundo, esa pasión existe en todos de niños, pero desafortunadamente es destruida por un sistema educativo y una sociedad que nos hace discriminar innecesariamente. Debido a esto, agradece a sus padres que hayan sido la razón de que su pasión por el arte y la ciencia sigan ahí desde que fue muy niño. Por ejemplo, viviendo en Madrid, cuenta,  tuvo la suerte de poder disfrutar de buenos museos a menudo. Galerías de arte, museos de ciencias naturales, planetarios… y también una gran conexión con el medio ambiente, con muchos fines de semana pasados en las montañas de Madrid. El mundo científico le ayudaba a explicar las cosas que veía a su alrededor, y el mundo artístico le ayudaba a comunicar esas cosas por medio de dibujos, fotografías, y hasta pequeños documentales que hacía con su inseparable cámara de vídeo.

Amadeo y su inseparable cámara

De niño siempre disfrutó de todo eso en fines de semana y vacaciones escolares. Y en el colegio de alguna forma vio cómo fácilmente se podían destruir todas esas pasiones que los niños tienen, al crear un ambiente académico de competición y memorización de todo aquello que por una razón u otra era parte del temario escolar e importante, sin establecer conexiones con aquellas pasiones que todos tienen  de niños. De camino a su colegio, cuenta Amadeo, siempre pasaba al museo de ciencias naturales de Madrid, y en multitud de ocasiones entraba al museo a disfrutar de los tesoros que hay en sus galerías. Igual con los museos de arte y la universidad, que siempre tenían charlas interesantes a las que le gustaba ir. Recuerda un día que en lugar de seguir caminando al colegio se metió en un simposio de la universidad y ahí conoció a Buzz Aldrin, que estaba dando una charla de su viaje a la luna. Ir a clase después de esas experiencias era siempre algo difícil, y aunque sabía que la ciencia era algo que le apasionaba, la desconexión total que tenía con algunos de sus profesores en el colegio era lo que año tras año hacía que suspendiera asignaturas como física y química, las cuales aprendió a amar académicamente hasta que estuvo en la universidad, ya en la Universidad de Otago donde estudió geología y decidió especializarse en esta área y en paleontología. Pero también estudió cine y educación con la idea de dedicarse a lo que se dedica ahora, la comunicación científica. Su habitación en Madrid, rememora, todavía conserva su colección de revistas de National Geographic y un montón de documentales. Carl Sagan, David Attenborough, Felix Rodriguez De la Fuente y muchos otros presentadores de documentales que veía siempre de pequeño hicieron que esa fuese una meta para él, hacer lo que ellos hicieron para mantener esa pasión científica y artística en todos. Tras terminar la carrera de geología con la especialidad de paleontología (así como hizo David Attenborough) y un poco de cine, también hizo magisterio para poder ingresar en la boca del lobo y trabajar en los colegios que tantas vidas destruyen. ¡Y en eso está ahora! Disfrutando y tratando de mostrar que la vida es mucho más que lo que un profesor diga de uno mismo. Para Amadeo la gran enseñanza que puede darle a sus estudiantes es que la vida hay que disfrutarla haciendo lo que más nos apasiona, y estudiando lo que más nos apasiona.

En este sentido, Amadeo cree que la divulgación científica es muy importante en todas las etapas de la vida, pero desafortunadamente si no se mantiene en la infancia entonces la posibilidad de seguir desarrollando el pensamiento científico a lo largo de la vida queda destruido. La comunicación científica existe en la infancia según se va entendiendo el mundo en el que vivimos, no hay que dársela a los niños, hay que mantenerla, y mostrar a los adolescentes que da igual lo que decidan hacer en la vida, la ciencia siempre estará ahí para ayudar a mejorar las cosas. Un buen ejemplo es el que ha mostrado este país el año pasado, siguiendo las sugerencias de los científicos que estudian epidemiología, comunicándolo a todo el mundo y actuando en equipo. La comunicación científica va más allá de entender lo que descubren los científicos y explicárselo a la gente. La comunicación científica es también un arte, una conexión emocional con la gente para que así la ciencia sea relevante. Tanta ciencia hay en la comunicación científica como hay arte. El arte de la comunicación humana. Y eso es, considera Amadeo, lo que muchos profesores de ciencia no entienden, y al dedicarse exclusivamente a la lógica científica dejan de lado las conexiones emocionales tan necesarias para entender también. La comunicación científica es muy importante en la infancia porque permite el desarrollo intelectual del ser humano, y el entendimiento de la realidad en la que vivimos. Si en su lugar la ciencia es sustituida por otras historias se corre el riesgo de perder esa conexión con la realidad del mundo en el que vivimos. La historia de la ciencia es la historia de encontrar la verdad, sentencia el apasionado Amadeo. Ese proceso es importante porque permite progresar. Una sociedad rica en cultura y ciencia es una sociedad más sostenible, más ética, más cuidadosa, sin la manipulación a la que nos vemos sometidos cuando se huye de la ciencia por intereses personales, económicos o sociales. Los niños se interesan por la ciencia de forma instintiva, los niños tienen ética y moral, y una necesidad de vivir en una sociedad basada en la verdad. La ciencia y la comunicación científica permite ese tipo de sociedad.

Por eso está convencido de que, en general, Nueva Zelanda es un país donde la gente valora la divulgación científica. Donde hace falta más trabajo es en cómo la gente percibe la ciencia como algo que es solo para los “científicos”. Así como el arte no es solo para los artistas, la ciencia no es solo para los científicos. Por esa percepción de la ciencia es desolador ver cómo en los colegios ha bajado la media de estudiantes escogiendo asignaturas de ciencia, y el nivel medio de notas escolares han bajado también en asignaturas de ciencia. Lo bueno es que Nueva Zelanda es un país sin miedo a probar nuevos sistemas si el existente no funciona, así que los cambios, piensa Amadeo, siguen de cara a mejorar el nivel científico de la sociedad en general. La divulgación científica es algo por lo que apuestan muchos ministerios gubernamentales habiendo muchas oportunidades de obtener dinero para hacer programas de educación científica en la comunidad y con colegios. Queda mucho para llegar a la meta pero Nueva Zelanda va en buen rumbo, y en este buen rumbo es en el que Amadeo conecta sus propios sueños, entre ellos el hecho de mudarse, luego de más de 20 años en Dunedin, a la isla Norte. La Universidad de Waikato quiere hacer más trabajo en el campo de la divulgación científica así que está preparándose para ir al campus que tienen en Tauranga, de allí su sueño es conectar con los equipos que puedan proporcionar plataformas de comunicación científica, desde programas de televisión y radio a cursos de educación científica para la comunidad, para familias y para profesores, y seguir trabajando con museos y colegios a nivel nacional.

Además de su desarrollo profesional, Amadeo tiene planeado empezar su propia familia ya, así que en cinco años se ve disfrutando de sus propios hijos, y trabajando en comunicación científica así como ha hecho tanto tiempo en Dunedin, pero a nivel nacional. Kaitlyn, su mujer, ha terminado su tesis sobre el uso de tecnologías portátiles para conectar con alumnos en la clase de ciencias, y ahora va a empezar a dar clases en la universidad de Waikato, mientras que él seguirá haciendo lo que hace y si ve alguna oportunidad de empezar un programa de televisión o una serie de comunicación científica se lanzará a ello cuando esté en la isla del norte.

Finalmente, Amadeo reconoce que España será un país con el que siempre seguirá conectado, y siempre que pueda pasará sus vacaciones allí, e incluso pasar un año o dos ahí para que sus hijos puedan aprender el idioma y conocer las raíces de su padre, pero está ahora convencido de que Nueva Zelanda es el país de  su conexión interna, y así seguirá su vida, como ¡neozelandés hispano!

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